El sol se ocultaba cuando ella entristecía, no quería verla llorar. No podía llegar a imaginar el volver a contemplar esos ojos vidriosos, llenos de lágrimas, porque la vida puede ser complicada.
Ella lo sabía. Sufrió, disfrutó, lloró y sonrió. Había vivido.
Todo lo que había aprendido fue que cada historia tiene un inicio. Todo romance, tiene un primer beso. Todo viaje comienza con un paso. Sabía que los paraísos no aparecen de la nada, se construyen con una mirada, una sonrisa, un roce, un beso. Aprendió que todos los problemas tenían una solución, que no siempre los finales eran felices, pero no debía tenerles miedo.
Una mañana despertó. Lo primero que hizo tras levantarse de la cama fue dirigirse a la ventana, contemplar el maravilloso día que la vida le había regalado, y sonreir. Se dijo a sí misma "Hoy no son buenos días, yo seré quien los haga increíbles". Y así fue. Pasamos la vida esperando cosas que nunca llegan y tan solo están a un paso de distancia. Tememos. Tememos tomar decisiones, nos aterra el fracaso, la caída, y la vida pasa.
El ayer, está escrito. El mañana está por escribir. El presente es sólo eso, el lápiz y el papel, sobre el cual escribir nuestra maravillosa historia.
Y ella, tenía buena letra.