Búsqueda

¿Dónde? ¿Dónde deje aquel cruce? Donde tantos caminos eran posibles, donde aun no estaba tomada ninguna decisión y aparecieron cientos de opciones, cientos de oportunidades. Donde aun no sabía qué era lo que estaba buscando, donde vagaba sin rumbo porque había perdido el mapa.
Los mapas están sobrevalorados.
¿Qué camino elegí? Ya no lo recuerdo, fue hace tanto tiempo, hace tantos pasos... pero encontré una meta, aun sin saber hacia dónde estaba yendo. Encontré algo que buscar y algo por lo que luchar. Alguien que realmente me quisiera. Puedo decir que lo he encontrado, mas aún queda mucho por andar, el camino es largo. Mucha gente me acompañó cuando estaba perdido, trataron de ayudarme a encontrar mi destino en este viaje que no recuerdo bien dónde comenzó, y no se cuándo o en qué lugar terminará. Puedo decir que toda mi vida, he estado buscando alguien como ella, toda mi vida la he estado esperando aun sin saberlo.
Muchos no daban un duro por mí. Quizás el mapa no lo perdí, sino que me lo robaron. Si así fue, gracias, no saber hacia dónde voy, me ayudó a encontrarme a mí mismo y a sobrevivir.
Jugando con las sombras, aprendí a orientarme por la posición del sol.
Tal vez este no sea el final del camino,  pero a partir de ahora, seguiré avanzando mientras ella me da la mano.

Midnight Run

Y aún viviendo en el Edén, no puedo evitar echar la vista atrás en ciertos momentos, recordar los viejos tiempos, desempolvar el antiguo album de fotos. Recuerdo cada sonrisa, cada carcajada, cada enfado y cada lágrima. Porque lloré varios ríos, entre alegrías y tristezas.
Como carreras a medianoche, rápidas, fugaces. A veces vertiginosas, en ocasiones asustan. Aparecen de pronto y me transportan al pasado.
Los atardeceres brillaban de forma diferente, y los amaneceres... llegar a ver un amanecer era algo especial. Baños en piscinas de madrugada, carreras en bicicleta para llegar puntuales a las despedidas, o a las bienvenidas. Pachangas en las pistas. Tiempos donde los veranos se pasaban entre playas y rutas en bici. Inviernos en los que vagabundear por las calles o cobijarse en casa. Alcohol, mucho alcohol. Y llegaban los amores, y se iban igual de rápido, llevándose parte de mí, dejándome roto. Sí, es cierto que lloré más en las despedidas. Sí, cerré muchas puertas, también abrí alguna que otra. Aprendí de cada tropiezo, y más de una vez caí. Aún no estoy muy seguro de si llegué a levantarme del todo, o si aún ando agazapado en alguna esquina de mi memoria.
Eran buenos tiempos, diferentes. Sí, me arrepiento de muchos de mis errores, pero me ayudaron a crecer, a formarme.
Siempre seguiré con la duda de si tras tanto palo, sigo vivo, o morí hace tiempo.
El camino, lleno de recuerdos, amaneceres, atardeceres, amigos, amores. Asumámoslo, no es polvo que vuele con el viento o con el tiempo.
"Live for now, forget forever"
Yo, soy yo y mis recuerdos. También soy, mi presente y mi futuro.
Todos ellos, cada persona y cada momento, merecen formar parte de mi pasado.
Y bueno, tras tanto divagar, a seguir viviendo el presente y construyendo el futuro.

Para todos mis recuerdos... fue un placer.

Don Quijote de amaneceres

Le asustaba despertar. Su momento preferido del día era la noche, porque podía descansar de su día a día. Podía huir. El problema aparecía junto con el Sol, al amanecer. Salía del calor de su cama, donde se sentía seguro.
Estaba atado a hacer lo que debía hacer. La rutina como forma de vida. No había dos días iguales, pero todos los días eran lo mismo. El sentimiento de responsabilidad vencía cada mañana. Era lo único que ya conocía. Había olvidado el sabor que tenían los sueños. Lo único que conocía ya, era la lucha día tras día. Luchaba por seguir vivo, pero había perdido el objetivo en esa vida. Simplemente luchaba porque morir le asustaba aun más que vivir. Tarde o temprano se agotaría. Creía haber encontrado su meta en la lucha diaria, donde se sentía un caballero más del medievo. Pero cada noche, con cada puesta de Sol, volvía a su cama, demacrado, y se acurrucaba de nuevo bajo las mantas, como buscando huir, como si tratara de volverse invisible. Y es que sin darse cuenta, ya se había cansado de luchar. Lo que más le atemorizaba ahora, era el despertador, que señalaba el inicio del nuevo día. Un día que podría ser el último. Y así, transcurrían los días.
No vivía un día más. Restaba días para su muerte, que cada vez ansiaba con más fuerza, que cada vez le atemorizaba menos.
Una vida sin amor, más allá que hacia el hecho de seguir vivo, sin metas, no merece ser vivida.
Escribió su propio destino, pero era un analfabeto.

Nuevo año, viejas sombras.

Y es que es muy triste que algo tenga que irse para que podamos aprender a apreciarlo. No nos damos cuenta de que somos felices hasta que nos llueven las hostias y decaemos. ¿Por qué esa necesidad de tener que despedir algo para darnos cuenta de que lo necesitamos? Y es que no creemos necesitarlo y de pronto desarrollamos una enfermiza necesidad, una dependencia. Hay gente que solo ha sabido vivir en el infierno, entre sombras, y el purgatorio les parace un paraíso. Todo siempre puede ir a peor, es una buena moraleja.
Es difícil tocar el cielo en un mundo en el que cada uno le cortamos las alas al prójimo. La felicidad de los demás suele recordarnos que las cosas podrían irnos mejores, y les envidiamos. La sociedad es un lastre. Siempre lo ha sido. Con sus putas convenciones, dictando la forma en que cada individuo ha de vivir para poder ser "bendecido" con la aceptación. ¿Libertad? Le escupo en la cara. Vivimos con grilletes. Seguimos sueños sociales y demasiado generales, nada individuales, muy estándar. Me entristece las limitaciones que nosotros mismos nos fijamos. La libertad está delimitada.
Todo es una mentira.
Nos conformamos, en lugar de luchar. Nos engañamos creyéndonos que la gente cambia, cuando realmente lo que ocurre es que tal vez no les conocíamos lo suficiente. Y en esto se nos va la vida. Aprendemos a vivir cuando ya es demasiado tarde. No somos tan únicos como creemos. Seguro que más de un 35% de la población, se ha planteado los mismos propósitos para este 2014. Somos tan predecibles que parece de chiste. Parece una película de Leslie Nielsen, al más puro estilo "Agárralo como puedas", pues todo sale al revés. Y lo que siempre olvidamos hacer es aferrarnos a la vida, eso tan fugaz y puro. Nos preocupamos en contentar a los demás como primer propósito, por delante incluso de nuestra felicidad, y así nos va.

¿Valle de lágrimas? Más bien la vida es un valle de los caídos, con muchas personas anónimas vagando cual alma en pena, intentando encontrar un motivo por el cual vivir, para que al irse, esta vida no se les haya escapado en vano, al menos.
Un brindis por la vida, que corre, huye, sin saber de quién ni hacia dónde lo hace.