Un día

Un día dejas de pensar en cómo será ella cuando soplas las velas de tu tarta de cumpleaños. Un día dejas de aguantar la respiración cuando pasas por un túnel con el coche, mientras anhelas encontrarla al fin. Un día dejas de soplar pestañas y de tratar de encontrarlas mientras ella sigue siendo tu único deseo. Un día dejas de pensar en una vida a su lado cuando ves una estrella fugaz. Un día dejas de tirar monedas al pozo, pensando en la fortuna que realmente tendrías si ella apareciese. Un día dejas de mirar al suelo cuando vas al campo, tratando de buscar tréboles de cuatro hojas, un trébol que regalarle y decirle, "esto te trajo a mi" .
Un día aparece, cuando ya no dabas un duro por ti y la búsqueda había dejado de tener sentido.
Ese día, amigo, empiezas a creer en la suerte.

Historia de un amor no encontrado

Él, vivía una historia en la que no aparecía Cupido, se había tomado vacaciones. Aun no había conocido una Julieta, su Julieta. Simplemente era la sombra de un Romeo que no existía. No entendía el amor, no lo tenía, no lo encontraba.
No conocía lo que era despertar con la persona a quien amas, lo que sientes al abrir los ojos y ver los tímidos rayos de sol que se cuelan por las rendijas de la persiana al amanecer sobre su rostro. Nunca había despertado entre besos. Solo pudo leer lo que se siente cuando abrazas a esa persona y sientes que ese abrazo va a ser eterno, que no vas a soltarla nunca, y la besas, la besas y dejas de pensar en el mundo, en la vida, y solo piensas en ese Nosotros que dibujar a su lado, porque ese beso es una vida. Pero esos sentimientos no pueden plasmarse con palabras. Había de limitarse a ver la felicidad en el rostro de otros cuando los veía hablar con quien lograba hacer de las horas segundos simplemente con una mirada, con ese alguien que te hacía sentir frío y a la vez calor cuando te sonreía. No entendía el placer de andar juntos, de la mano, o con tu brazo sobre su hombro, como si la protegieses del mundo cuando realmente solo pensabas en ser su mundo, en un largo paseo de ojas secas otoñal, o una gran pradera llena de flores, o una larga playa con las olas bañando los pies, o bajo un paraguas en un día lluvioso, el paisaje daba igual.
Pobre infeliz. Qué vida tan desdichada. De pronto un día se daría cuenta de que no había vivido, que los buenos días no fueron tan buenos y que los malos fueron peores. Todo pasa, todo llega.

Carta número 14

Desde hace ya mucho tiempo, aunque todo el tiempo del mundo parece poco a tu lado, te quiero, te amo, o como quieras llamarlo. Mil veces te expliqué qué cortas se quedaban las palabras cuando trataba de expresar mis sentimientos hacia ti. Me has dado tanto... tanto traté de darte, porque me rescataste, me tapaste cuando más frío tenía y es que los inviernos son muy duros. Hiciste que los días lluviosos no fuesen menos buenos por el simple hecho de no poder estar en la calle. Sacaste todo lo que yo puedo ofrecer y es que me ayudas a superarme cada día, cada día logras enamorarme un poco más, sacar de mí esa sonrisa, aunque ese día no tenga ganas de sonreir. Has logrado hacerme ver lo fantásticos que pueden ser los paseos, cogidos de la mano, en los que no vamos a ningún lado y cualquier momento es bueno para besarte. Que los malos momentos son menos malos cuando recordamos todas las buenas cosas que nos han ocurrido, todo lo vivido, y es que lo hemos vivido juntos. Y me vienen a la memoria todos los besos, los abrazos, las sonrisas, los días en los que te sorprendía con flores, solo porque sí, las caricias... y todo este amor que me has enseñado que se puede llegar a sentir por alguien. Yo ya solo quiero protegerte, cuidarte, mimarte, besarte, quererte, alegrarte, hacerte sonreir y convertir cada día en el mejor que hayas vivido. Solo quiero hacerte feliz para serlo yo también.
Aun no se me han acabado las páginas en las que escribimos esta historia, queda mucho por vivir, queda mucho por disfrutar juntos. Queda un mundo por sentir. Te amo. 14, aun es poco.