Ella era como alzar la vista al cielo y encontrarlo lleno de estrellas. Mejoraba tu día. Su sonrisa era como la Luna, sabías que más tarde o más temprano, acababa apareciendo, y se quedaba ahí, haciéndote compañía.
Sus ojos hipnotizaban. Cuando la mirabas, no podías reprimir la sonrisa.
Era como el Sol en un día lluvioso, te alegraba inevitablemente.
Podía estar peor que tú, pero lograba sacar fuerzas para abrazarte porque simplemente sabía que necesitabas ese abrazo.
Era necesaria, como una taza de chocolate caliente en un día de frío invierno. Era de esas personas a las que tras conocerlas, no entiendes cómo pudiste vivir sin ella. Crea dependencia.
Y sonríe. Lo repito, porque sonreía mucho. Y claro, me hacía sonreir a mi también.
En su bandera, solo una cara feliz, y la ondeaba con orgullo. Podías estar muriendo de frío, ella con una mirada, conseguía devolverte el calor, y es que supongo que era especial. Como esos cromos difíciles de encontrar. No tenía precio.
Vivía perdido, me prestó su mapa, compartiríamos camino, pues nuestro destino era el mismo, ser un todo.
Si alguien me pregunta por felicidad, mi respuesta será simplemente, "¿Antes o después de ella?".
Gracias a toda esa gente que llega, a todos esos que vienen para quedarse.
Respuestas sin pregunta
Y no pedía mucho por aquellos días. Tan solo llegar a casa, tirarme en la cama, y descubrir que mi sudadera olía como ella. Recordarla un poco. Como si fuese capaz de olvidarla. Pero de ese modo la sentía aun a mi lado, abrazándome.
Que a veces, de tanto que la quería, hacía daño. Y yo también necesitaba un abrazo que me dijera "Tranquilo, estaré aquí aun cuando todos se hayan ido. Te querré aun cuando no tenga fuerzas para hacer otra cosa, cuando menos lo merezcas". Ese abrazo no llegaba.
Sonreía porque era más simple, más sencillo que llorar. Pero por dentro sentía la tormenta.
No era facil. Nadie dijo que lo fuera. Y por momentos me siento buscando respuestas a preguntas que aun desconozco. Perdido. Confuso.
Y aun en esos momentos, llego a casa, me tiro en la cama, y lo único que hago es quererla. Y recordarla. En mi sudadera.
Que a veces, de tanto que la quería, hacía daño. Y yo también necesitaba un abrazo que me dijera "Tranquilo, estaré aquí aun cuando todos se hayan ido. Te querré aun cuando no tenga fuerzas para hacer otra cosa, cuando menos lo merezcas". Ese abrazo no llegaba.
Sonreía porque era más simple, más sencillo que llorar. Pero por dentro sentía la tormenta.
No era facil. Nadie dijo que lo fuera. Y por momentos me siento buscando respuestas a preguntas que aun desconozco. Perdido. Confuso.
Y aun en esos momentos, llego a casa, me tiro en la cama, y lo único que hago es quererla. Y recordarla. En mi sudadera.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)