Hilo Rojo

Ese hilo que nos une a otra persona desde el principio, que está más o menos tenso, pero que nunca se rompe.
Que nos conecta a nuestra alma gemela, nuestra media naranja, esa persona que buscamos y que a veces creemos encontrar, sin éxito.
Esa persona que tal vez no sea nuestro primer amor, pero sí el último, el más fuerte, el más auténtico, el más bonito, el más brillante, el más grande, el mejor.

Me gustaría informar de que yo he cortado el hilo. No quiero pistas. Quiero encontrar mil posibles almas gemelas, para poder equivocarme Novecientas noventa y nueve veces. Quiero disfrutar de cada uno de los intentos, de los errores y aprender, crecer. Que acertar demasiado pronto lo haría todo demasiado aburrido, con lo bonito que es la aventura, con lo bonito que es enamorarse, una y otra vez.

Se que ella llegará, aunque ya no esté unida a mi por ese hilo rojo. Y cuando aparezca, podré comprobar que es ella porque será quien tiene un hilo cortado, quien no está atada a nadie, quien haya vivido, al igual que yo. Quien esté al fin lista para ser feliz, a mi lado, hacernos sonreir hasta tener agujetas en las mejillas, gastarnos los labios a besos y fundirnos con una simple mirada mil y una veces en el día. Ese día llegará.
Pero aún no tengo prisa.
Me toca recorrer mi camino y descubrir mis Novecientos noventa y nueve errores. Sin hilos, sin cadenas, sin pistas, sin guías.

Inocente

Inocente.
Inocente era cuando me puse nervioso antes de mi primer beso. Cuando aquella magia y esos sentimientos me inundaron por dentro.
Inocente ante mi primer amor. Las dichosas mariposas y sus revoloteos. El pensar en esa persona durante más horas de las que tiene el día, imaginarte mil y una historias felices pero ningún final, porque solo deseas un por Siempre.
Inocente antes de La Primera vez. Esta con mayúscula.
Inocente en cada mirada cruzada con cada chica a la que deseé.
Inocente en cada roce con su mano. Inocente en cada conversación de madrugada tratando de resolver el mundo, y sin querer queriéndola.
Y ya no.
Ya dejé de ser inocente.
Soy culpable de todo eso. Culpable de eso y más. Culpable de dejarme piel, sudor, sangre, lágrimas y un corazón (o varios) en el camino. Con cada historia.
Y sin embargo sigo queriendo sentirme inocente una vez más.

A la Distancia

Ya he vivido lo suficiente como para poder entender cosas como la distancia. Pero hay muchas distancias.
Y ninguna es agradable.

Creo que la primera que conocí fue la distancia que separa corazones. Cuando dos corazones no quieren lo mismo y acaban por alejarse. Y duele.

Luego ya, he conocido la distancia que separa personas. Aquí puedo decir que lo que jode es el hecho de que los corazones van de la mano, pero mi mano sigue sin alcanzar a tocar la tuya. Y qué mierda es eso. Porque no diré que había dejado de buscar, pero no tenía demasiadas esperanzas de encontrar, y has aparecido. Supongo que eso demuestra que todo es posible... Aunque siga siendo difícil el darte ese abrazo que hiciera que las buenas noches, lo fueran de verdad.
No se por qué dos piezas de un mismo puzzle pueden llegar a estar tan separadas.
Pero bueno, una vez encuentras las piezas, unirlas no es tan difícil. Podemos agarrarnos a eso, de momento.

Puedo decir de forma bonita que maldigo cada uno de los kilómetros que se interponen entre nosotros, porque me hacen desdichado. Pero lo cierto es que me cago en todos y cada uno de esos kilómetros por separarnos.

Carta Abierta


Hoy quería escribir una carta a toda la gente de mi vida.

De despedida a todos los que se fueron, de bienvenida a todos los que vendrán, y de agradecimiento a los que se han quedado.

Porque hay mucha gente ya que ha pasado por mi vida, algunos ya se fueron, a otros tal vez los eché y supongo que los restantes, se perdieron en algún punto del camino. Solo quería daros las gracias. Porque tal vez compartimos un momento, un día, una semana, un mes o algún año, y todo me suma. A ti, que estuviste a mi lado de uno u otro modo, que me ayudaste, ya fuese robándome una sonrisa, o un beso quizá. Dándome un abrazo o un motivo por el que ser feliz. Compartiendo conmigo unas palabras, o simplemente escuchándome, gracias. 
Si no estás ya, puede que sea porque nuestros caminos debían separarse. En cualquier caso puede que la cagase yo, quizá lo hiciste tú, tal vez ambos o puede que ninguno. Si fue mi culpa, perdona. En esta vida he cometido muchos errores. He fallado y me he equivocado, una y otra vez, y las que me quedan aún. Y este es un momento tan bueno como cualquier otro para asumirlo y pedir disculpas por todos ellos. Añadir que, en ocasiones, fallan la persona, el lugar, o el momento... o varios, pero hay una vida por delante para volver a acertar o volver a equivocarse, y siempre estaré dispuesto a ambas posibilidades. Porque de todos mis errores he sabido aprender algo, solo hace falta estar dispuesto. Y de otro modo, acertar es algo bueno. Por ello no cerraré puertas a nadie.

Para toda la gente que vendrá, solo puedo presentarme.
Soy un chico de 23 años que supo amar, y que también aprendió a  perder. Que ante todo, en cualquier momento, traté, trato y trataré de sonreír lo más que pude, puedo y podré, y gracias a ello me veo abocado a tener arrugas prematuras en la cara que me sumen años, pero si sonreír es el motivo, me alegraré de seguir envejeciendo. La tranquilidad me define. En algunos momentos puedo parecer inteligente, que no te engañe, soy el mayor de los idiotas, eso sí, por bandera siempre tendré el intentar sacar una sonrisa a quien tenga a mi lado, aunque ni yo tenga ganas de sonreír. A veces mimoso, otras veces distante o íntimo, pero siempre detallista. Me gusta sorprender, eso siempre. Unas veces intenso, otras reflexivo. Por momentos nostálgico. Pido perdón de antemano por mi cabezonería, pero prometo compensarlo siendo leal, comprensivo, abierto y sincero. En ocasiones aprieto de más en los abrazos, pero debes saber que es una de las cosas de las que más disfruto en esta vida, podría quedarme a vivir en uno. Los besos me gusta darlos lentos y saborearlos, y otras veces rápidos y apasionados. Puede que a veces muerda, y eso no siempre será malo, lo prometo. Que en algunos momentos pareceré un creído, pero simplemente es confianza en mí mismo mal mostrada o mal interpretada. Otras veces seré frío, y es que en algún momento puedo decir que la cabeza me pesa más que el corazón. Y bien, creo que conociendo todo esto, ya puedes decir que estás introducido un poco más en mi vida. 
Quiero decir, antes de nada, que no solo la puerta la dejo abierta, y es que la llave la perdí hace tiempo, sino que en el felpudo pone "Bienvenid@", y eso... Que te limpies los zapatos antes de entrar, o sino, te me descalzas, que después me lo dejáis todo hecho un cristo y toca limpiar.

Y terminaré esta carta con los últimos y no por ello menos importantes. Porque no es casualidad que lo deje para el final, ya que al fin y al cabo, ellos lo están y lo estarán, son los que se han quedado.
Que sé que por momentos no soy fácil, y que soy un caos. Pero mi mayor agradecimiento sois vosotros, mi gran tesoro. Por haberme aguantado en los malos momentos, y haber compartido conmigo los buenos. Por ayudarme a levantarme cuando caí. Por aconsejarme, abrazarme, apoyarme, escucharme, hacer que quiera ser mejor persona, ayudarme a lograrlo, por hacerme entender que da igual todo lo que uno pueda llegar a perder, si vosotros sois todo lo que a uno le queda. A veces cerca, otras lejos, pero siempre a mi lado, en resumen. Que en esta vida solo puedo compensaros prometiéndoos que podéis contar conmigo. Que lo más valioso que puedo regalaros es mi tiempo, porque se irá y no lo recuperaré, pero lo habré invertido a vuestro lado. Que estaré ahí siempre, aunque no esté ni siquiera para mi, en algún momento. Os ayudaré a levantaros si caéis, os sacaré esa sonrisa si lo necesitáis, pero también secaré las lágrimas cuando queráis llorar. Sé escuchar, incluso a veces mis consejos son buenos, quiero creer. Y en definitiva, haré todo por vosotros, y no porque espere nada de vuelta, sino porque creo que de verdad valéis la pena, y eso también es una de las cosas más bonitas que os puedo decir. Porque la familia es algo que nos viene dado, pero vosotros sois de esa familia que sí puede elegirse.

Hola, esta es mi vida. Gracias por todo, y bienvenidos.



 


Insisto (A un amigo de bajón)

Hagamos una cosa: Piensa en todo lo que has perdido. En todo lo que se ha ido. Y en todo lo que has dejado escapar. Ahora despídete. Sonríe, no va a ser fácil. Va a ser lo mejor.
Una cosa es segura, el pasado ya no puede cambiarse, y lamerse las heridas de poco sirve.

Hagamos otra cosa: Piensa en todo lo que tienes. En todo lo que has ganado. Y en lo que sigue a tu lado, y no has perdido. Sonríe. Abrázalo. A veces no es fácil, pero es lo mejor.

Me has dado mucho a lo largo de los años. Has sabido estar en las buenas, en las no tan buenas, en las regulares y en las malas. Me has acompañado, me has aconsejado, me has ayudado y me has soportado. Si caí, me tendiste la mano. Y lo mejor que has aportado a mi vida ha sido un "No estás solo". Esa sensación de protección, de resguardo, de respaldo, de apoyo. Ese salvavidas.
Eso has sido para mi.
Así que permíteme que insista en que si caes, voy a estar a tu lado para hacerte menos jodido el golpe, y para levantarte cuando estés preparado. Para tratar de sacarte esa sonrisa cuando solo te apetezca llorar y de mostrarte la luz que a veces tenemos delante y no alcanzamos a ver entre tanta sombra. Despedirse duele. El tiempo pasa. No vuelve. Disfruta del momento. A veces no es fácil, pero para eso estoy a tu lado, para hacerlo más llevadero. Al fin y al cabo, el presente es nuestro regalo y sería una pena desperdiciarlo.
No soy muy de siempres, pero tú te has ganado uno.

Desnudo

Todo lo vivido solo debería ser el inicio de lo que queda. Un simple prólogo... pero siento que he vivido tanto...

Hay veces que aun me vienen algunos recuerdos de los momentos que compartimos. Intento no pensar mucho en eso, pero a veces simplemente vienen. Es algo así como que todos los días sale el Sol, y no podemos controlarlo.
A veces simplemente me encuentro con algún 14 que me recuerda cada uno de los días 14 de cada mes que compartimos juntos, y es que creo que podría contar con los dedos de una mano los que pasamos separados, y aún me sobrarían dedos.
A veces me encuentro sin querer con alguna foto que me recuerda que formaste parte de mi vida, de mi historia. Y que fuimos felices juntos, antes de que doliera.
A veces te imagino tarareando, porque escucho alguna de aquellas canciones que compartimos. Las que nos pusieron banda sonora en nuestra historia.
A veces, aún a veces, sigues viniendo a mi mente en forma de algún sueño, en el que estamos los dos, y la trama es un poco lo de menos.

Quiero decirte que van pasando los días, los meses, y llegará el momento en que sean los años los que pasen, y tú seguirás formando parte de mi vida.
Y yo estoy mejor. Estoy bien, te lo prometo. ¿Qué validez tienen mis promesas a estas alturas? Es cierto, un día te prometí un "Para siempre" que me vino grande y no pude cumplir, tienes razón.
Pero cuando te veo, cuando te recuerdo, ya no lloro. Ya no estoy triste porque nos fuimos. Porque a veces te veo en fotos, y te veo sonreir, y me digo "Ojalá esa sonrisa pudiera ser más grande aún", aunque te vaya de oreja a oreja. Y no soy yo quien te ayude a cumplir eso hace tiempo que lo se. Aún así sigo queriéndolo, que seas feliz, y que algún día tengas la suerte de encontrar a alguien que sepa acertar donde yo fallé. Si es que aún quieres creerme, de verdad que ya estoy bien.

Otras veces me alegro de que te fueses. Me alegro de que me dieras todo lo que diste, que me hicieras feliz y me regalases tantos momentos. Porque ¿Sabes? Tenemos muchas fotos, pero los mejores momentos, son los que no fotografiamos. En cada foto quedó guardado un poco del amor que nos hizo grandes, pero vivimos mucho más, y eso es lo que más recuerdo. Cuando recuerdo. Y al irte seguiste dándome cosas. Porque aprendí, a vivir sin ti, y que la vida no es tan fría como la recordaba antes de conocerte. Que los días siguen pasando, y que puedo seguir sonriendo aunque no seas la dueña de esa sonrisa.
Porque contigo también aprendí que si algo merece la pena, el orgullo sobra.

¿Y qué puedo decir? Es una pena. Lo fue. Pero seguimos vivos.
Yo por mi camino.
Tú por el tuyo.

Y ¿Qué me queda?
La vida. Y la experiencia.

Puedo decir que lo más bonito es saber que has formado parte de mi vida. Saber que entre tanta gente en este mundo, tuvimos la suerte de encontrarnos. Y lo bonito que ha sido formar también parte de tu vida.


Aprendí con los años, y con los daños,
Que el regalo más bonito que puedo hacer en esta vida es el tiempo. Mi tiempo.
Que el regalo más bonito que puedo recibir en esta vida es el tiempo. Tu tiempo.

Porque el tiempo es fugaz, cada momento es breve. No importa lo fuerte que trates de sujetarlo, siempre huye, siempre fluye. Se va y no vuelve. Y el saber que ese pedazo de mi vida que no voy a recuperar lo he compartido contigo, es lo que me llena y me hace un poco más feliz. Feliz porque sé que ese pedacito de mi historia no lo malgasté. Cada uno de los instantes compartidos fueron la mejor forma de vivirlos.
Y es que al final todo tiene un precio en esta vida, pero lo que nunca se puede comprar es el tiempo, por eso es tan valioso.


Ya he dicho muchas veces que no soy el mismo de ayer. Ni seré el mismo mañana.
No soy el mismo que empezó aquella historia contigo. Y me alegro. De haber cambiado, juntos.
Ahora ambos tenemos una cicatriz, y unos cuantos recuerdos de más. Porque sé que también me recuerdas, después de todo, aunque lo digas menos.

Y si te digo adiós no es porque me vaya, yo me quedo donde estoy, ya me fui en su momento. Lo digo porque tú te fuiste, y aún no me había despedido. Te lo mereces. Y te mereces un recuerdo de vez en cuando, que sobrevuele mi pensamiento y me recuerde que escribiste algunos de los mejores versos de mi historia, que compartiste mi tiempo y que aquello fue la hostia.

Porque si solo tenemos esta vida por vivir, me alegro de que hayas formado parte de ella.


Adios

Una última palabra. Un último abrazo. Un último beso. Un último gesto. Una última mirada.
Y te vas.

Y con ello se va mi aliento, tu calor, mi fuerza, tu energía y mi vida.

Y yo no quiero otro susurro en el viento que me diga que te estás alejando. Por eso los "Adios" los digo con la boca muy pequeña, los abrazos los doy apretando fuerte para no dejarte ir, en los besos muerdo tus labios para que no escapes, y la última mirada es para tener un recuerdo de ti en tu ausencia. Un recuerdo de cuando aún estabas conmigo.

Pero ¿Qué sería de ese adios, ese abrazo, ese beso o esa mirada, si no te fueras? Quedarían huérfanos. Dejarían sin sentido las bienvenidas. Los "al fin de vuelta". Los abrazos, otra vez eternos para que no vuelvas a escapar. Los besos interminables porque no quiero volver a tener frío de ti en mis labios. O las miradas en las que darte un mundo.

Que es mejor verte volver, pero para eso de vez en cuando te tienes que ir.

Eras...

Empezaste siendo el sueño que cualquiera quisiera tener. Imaginé que algún día llegarías, aunque no sabía cuándo, ni dónde, ni quién. Llegaste.
A veces los sueños nos vienen grandes, pero yo sabía que podía, me lo merecía y que no iba a dejarlo escapar. Fue entonces cuando aposté por mi, aposté por ti, y aposté por un Nosotros.
Desde ese momento nunca dejé de dudar. De dudar sobre si todo lo que había vivido antes de aquel instante había sido real o si podía catalogarse siquiera como vivir. Si alguna vez antes de eso había amado realmente, o si había sido de verdad feliz. Si alguna vez había brillado tanto.

No te tuve a mi lado todas las horas que me hubiese gustado, pero seamos realistas, no había horas en este mundo que cubrieran tal necesidad. Disfruté cada momento, cada instante, cada día, cada historia, cada plan, cada aventura. Luego nos despedíamos. Cada hora que pasaba sin respirarte, se convertía en la espera más larga que había vivido; pero hablábamos a todas horas, sabía de ti, si estabas bien, y siempre trataba de sacarte una sonrisa y darte todo lo que me era posible para que supieras que no me cabía en el pecho todo lo que sentía, ya estuviéramos a 1cm (la distancia máxima recomendada entre nuestros labios) o a 10km (la distancia que se interponía entre tu puerta y la mía).
Fuiste como una tormenta, de las fuertes. Pero que no destruyó. No entonces. Me dejé arrollar. A pesar de que ya desde el principio fuimos diferentes, eso nunca importó, porque siempre encontrábamos motivos por los que querer, y creer.
Con el tiempo llegué a creer que aquel regalo que éramos duraría siempre, porque no era capaz de concebir que aquello pudiera llegar a terminar. No me imaginaba sin ti. Es curioso que habiendo vivido más sin ti que contigo, me hubiera olvidado de lo primero.

En aquel tiempo fuiste muchas cosas.
Eras mi primer pensamiento al despertar, y mis primeros “Buenos días” del día, y oye, con solo eso el día ya era mejor. Eras esos labios que siempre quería besar, esos brazos en los que siempre quería cobijarme. Eras esa sonrisa que siempre quería ver crecer. Eras esos ojos en los que me quería ahogar. Eras ese pensamiento que ocupaba mi cabeza 25 horas al día. Eras quien me hacía ser mejor persona. Eras el motivo de cada una de mis sonrisas. Eras esa mano de la que no me quería soltar. Eras todas las primeras veces que compartimos. Eres ese futuro que yo ya había imaginado. Y al acabar el día… eras ese último mensaje de “Buenas noches” y ese último pensamiento antes de dormir, que me aseguraba los dulces sueños.

Pero dejamos de ser.
Nada se había roto, y tal vez eso fue lo que más dolió, mas sabíamos que teníamos que soltarnos. Te convertiste en ausencia. Eras tristeza. Eras horas vacías y pensamientos y recuerdos que dolían. Eras whatsapps que no se enviaban y whatsapps que no se recibían. Eras lágrimas. Eras frío. Eras la frustración de no poder odiar algo que duele.

Tiempo después todo cambia, y dejaste de doler.
Se que fui todo lo mejor que podría haber sido, por eso cuando miro atrás, lo hago con orgullo y con la cabeza bien alta. Ese listón lo dejé muy alto. Fue entonces cuando volviste a ser una sonrisa, la que los recuerdos traían a parar a la orilla del pensamiento. Porque cambiaste, cambié. Porque cambiamos. Crecimos juntos y fuimos muchas cosas. Tú me hiciste feliz, y me convertiste en mejor persona, y quiero creer que hice lo mismo contigo.
Y con todo lo aprendido, volamos.


Empezaste siendo un sueño… y con el tiempo volviste a serlo, pero has cambiado de rostro, has cambiado de nombre y te has mudado a otra historia. Y es que tal vez, y solo tal vez, eras, ese regalo que te da la vida, pero de otra persona que no era yo, y por eso mi sueño es encontrar mi regalo propio.


Ahora eres, mi más bonita cicatriz.



Sigo creyendo en los 14 de Febrero

En un año pasan muchas cosas.
Pasan 365 días, 12 meses, 4 estaciones. Pasan muchas personas, muchos sentimientos, muchas emociones y muchas aventuras y experiencias.

Hace un año fui feliz, aunque de una forma diferente a como lo soy ahora. Bebía de la sonrisa de otra persona, me colgaba de sus labios y pasaba las horas... Y el invierno era menos invierno en sus brazos. En 12 meses he sabido lo que es amar sin límite, lo que se siente cuando pierdes magia en el camino, lo que es romperme en mil pedazos y llorar. Llorar y tener miedo de perderme en un océano que me quedaba muy grande. Tuve que aprender a nadar, salir a flote, reconstruirme, y cuando estaba saliendo de todo aquello, volver a caer. Ahora puedo decir que de todo se sale. Vivo.
Que, aunque el amor duele, no mata. Y en 12 meses puedo resumir que a veces necesitamos perder algo o a alguien, para poder encontrarnos a nosotros mismos, y eso es algo bueno.
La vida cambia y siempre sorprende.
Hace un año era San Valentín. Fue bonito, como todos los que viví a su lado. Y como aquel, mucho tiempo antes, en el que me robaron mi primer beso.
En 365 días (y cada uno de ellos ha contado) he aprendido muchas cosas, como que es mejor dejar ir a quien no se quiere quedar. Que si no sueltas tu pasado, no puedes abrazar tu presente. Que se puede caer, pero hay que volver a levantarse. Que si las cosas se fuerzan, terminan por romperse. Que nadie sabe qué le traerá el futuro, pero sentarse a esperar no es una opción. Que es mejor atreverse a quedarse con la duda. Y que a veces encontramos cosas que no sabíamos que estaban perdidas. Es una lástima que a menudo estas cosas las aprendamos cuando alguien se va. Pero la gente desaparece y aparece con la misma facilidad, aunque unos duelan más que los otros.

Del mismo modo que a veces no sabes de todo lo que tienes hasta que lo pierdes, en ocasiones no eres consciente de necesitar algo, hasta que aparece. Y supongo que así pasa con todo.

365 días. 12 meses. 1 año.
Ese día me preguntaba:
-¿Qué me quedará si se va?
Hoy, respondo:
-Yo.
Y aunque esa historia terminó, aun quedan muchas por descubrir.
No soy el de ayer, ni seré como hoy mañana... No sé qué pasará en una semana, o en un mes, o en un año... Pero saberlo sería demasiado aburrido.
Y ahora me despido de mi pasado con una sonrisa. Porque cometí muchos errores, sí, todos los cometemos, pero no cambiaría ni uno solo, ni un solo segundo, ni una sola decisión, porque todo eso me ha llevado a parar aquí. Hoy. Ahora.
Y es que superar algo no significa olvidarlo o apartarlo de tu pensamiento. Más bien es, el poder recordarlo, sonreír, y seguir adelante sin reducir la marcha. Alegrarte porque ella es feliz, y tú también, aunque sea por caminos diferentes.

Smile

Quedan muchos San Valentines.

Y 12 meses después, este 14 de Febrero, bebo de la sonrisa que se dibuja en mi cara, cuando pienso que esto de vivir no ha hecho más que empezar, y ciertamente puedo decir que el invierno no es tan malo como creía.

(Futuro Pasado)

Se acabó la Navidad, comenzó el nuevo año, y con él vienen las ilusiones, esperanzas, sueños y promesas. Al fin quedaron atrás las decepciones, errores, pesadillas y añoranzas. 
Vuelta a la rutina, vuelta a estar ocupados todas las horas posibles para pensar lo menos posible, para no echar tanto de menos, para no soñar tantos planes, para desconectar de las preocupaciones.

Atrás quedaron esas sonrisas, atrás quedaron esos besos, esos abrazos. Atrás quedó el agarrar su mano tratando de darle calor cuando hacía frío. Atrás quedaron esas miradas en las que tantas cosas se dijeron sin articular una sola palabra, tantos "Te quiero", "Te deseo", "No quiero dejar de mirarte mientras mi corazón siga latiendo", o aquellos "No te vayas nunca de mi lado"... solo mirándola a los ojos. Atrás quedaron esas caricias en la espalda, en las que a veces escribíamos cosas. Atrás quedaron aquellos paisajes, aquellas puestas de Sol, rosadas, en las que pedía una foto. Atrás quedaron los regalos, las sorpresas, las flores. Atrás los tés que a veces no se tomaban, o las películas que a veces no se veían. Atrás quedaron esos paseos largos por cualquier lugar, hiciera calor o frío. Atrás esas cenas que terminaban con el mejor de los postres posibles. Atrás quedaron todas las guerras, las batallas de cosquillas entre medias y todas las treguas en las que hablar de cualquier cosa hasta caer dormidos. Atrás las eternas conversaciones por whatsapp a cualquier hora en las que hablar de todo pero sin hablar de nada. Atrás quedaron los buenos días cada mañana y los cinco últimos minutos de cada noche para desearla dulces sueños. Atrás quedaron los viajes, en coche, en avión, tren o autobús, y descubrir lugares, bares, restaurantes. Atrás quedaron las alegrías, las tristezas, los enfados, los mimos. Pero no quedaron atrás los recuerdos... ni los sentimientos. Aprendí que puedo seguir adelante sin ella, y aun así prefiero tenerla a mi lado. Porque esa historia quedó atrás, hace ya una eternidad, o al menos eso es lo que me ha parecido todo esto... y aquel cuento terminó su capítulo. Y en el siguiente capítulo una estructura se repitió, yo volví a ir con todo, ella llegó con dudas.

Se acabó la Navidad, comenzó el nuevo año, y con él vienen las ilusiones, esperanzas, sueños y promesas. La ilusión de (re)encontrar el amor. La esperanza de (re)vivir una historia aún más preciosa. Los sueños de (re)inventar planes junto a ella. Y la promesa de (volver a) ser feliz.
Porque da igual lo que dejemos atrás. Solo importa lo que nos queda delante.