¿Que por qué cierro los ojos mientras te beso, mientras te abrazo? La verdad es que me gusta poder pensar en mundos por los que pasear de tu mano, me encanta poder abrir luego los ojos, y que sigas ahí, que no te hayas ido. No se cuál fue el sueño del que te escapaste, pero cada día doy gracias por ello, amor. Logras dar vuelta a mi mundo con cada palabra, con cada mirada, y es que ya no se dónde dejé la cordura, pero volverme loco era tu mayor hobbie, y yo también disfruto de ello. Cuando cerraba los ojos, podía ver cosas que de otro modo no habría podido ni imaginar, y es que por un breve instante podía volar, podía contar una a una todas las estrellas del cielo, sin perder la cuenta ni una vez, me hacías soñar estando despierto y me convertía en caballero, de esos que salvan princesas de las garras de dragones. En cada beso, una historia. Y en cada historia, lograbas enamorarme un poco más. Cierro los ojos, porque aun cerrándolos, sigo viéndote, porque ya te he acomodado un sitio en mi pensamiento en vista de que no eras capaz de salir de ahí, y me gusta que te quedes.
Y bueno, hazme un favor, si algún día descubrimos que todo esto es un sueño... déjame seguir durmiendo.
A veces sueño que caigo al vacío
A veces vuelven a mi esos sueños en los que caigo al vacío. Donde caigo durante días, y parece que nunca llegaré a conocer lo que hay al fondo del abismo. Luego despierto. Sonrío por seguir vivo, todos deberíamos hacerlo de vez en cuando.
Esas pesadillas me recuerdan que soy humano. Me recuerdan el dolor, la incertidumbre... tantas veces me reconstruí, cuando parecía que ya no quedaba nada. Y tras la tempestad llega la calma, sí, pero yo en la tempestad me crezco, doy lo mejor de mí, y pido más, quiero saber hasta dónde puedo llegar... y bueno, lo se.
Mil veces me ayudaron a levantarme tras las caidas, mas fueron mil y una personas distintas.
A veces, las caidas son tan largas, tan duraderas que no sabes si gritar, llorar, o relajarte y esperar que todo acabe. Luego despierto nuevamente y vuelvo a sonreir, esta vez sonrio, porque se que si ocurriese realmente, si cayese al vacío, aprendería a volar antes de estrellarme. No soy de los que se dejan caer.
Esas pesadillas me recuerdan que soy humano. Me recuerdan el dolor, la incertidumbre... tantas veces me reconstruí, cuando parecía que ya no quedaba nada. Y tras la tempestad llega la calma, sí, pero yo en la tempestad me crezco, doy lo mejor de mí, y pido más, quiero saber hasta dónde puedo llegar... y bueno, lo se.
Mil veces me ayudaron a levantarme tras las caidas, mas fueron mil y una personas distintas.
A veces, las caidas son tan largas, tan duraderas que no sabes si gritar, llorar, o relajarte y esperar que todo acabe. Luego despierto nuevamente y vuelvo a sonreir, esta vez sonrio, porque se que si ocurriese realmente, si cayese al vacío, aprendería a volar antes de estrellarme. No soy de los que se dejan caer.
Sonríe
Y sonríe, amigo, porque no todo serán lágrimas. Porque la lluvia no dura eternamente, tampoco el Invierno. Las hojas de los árboles, vuelven a brotar en Primavera. Las guerras terminan. Y si caes, siempre puedes volver a levantarte.
No llores por lo perdido, sonrie por seguir vivo.
No llores por lo perdido, sonrie por seguir vivo.
Sol entre nubarrones
Era una noche fría y oscura. El mundo se había colapsado y todo lo que existía era caos. Ya no le quedaban sueños, los había gastado todos, mas solo uno pudo hacerse realidad, ella. Se acostó en la cama, a su lado, el único lugar donde encontraba la paz, el único lugar donde era feliz y el único lugar donde se encontraba con fuerzas para atreverse a soñar. Atreverse a imaginar mundos mejores, donde quizá él pudiera ser alguien... solo a su lado. Porque ella era tanto, que él ya no existía sin su presencia, ella le daba sentido a su existencia. Ella le hacía volar con una simple mirada.
Ella. Ella era una historia, un amor, un regalo, un sueño, una vida. Una vida que merecía la pena vivir. Los días comenzaban y acababan a su lado.
Todo empezaba con el amanecer, triste y que solo ella, acurrucada sobre su pecho, dormida, tierna y dulce, podía iluminar. Cada mañana él debía marcharse, y lo único que esperaba era poder volver a su lado, para poder descubrir de nuevo la alegría y el calor que solo ella podía darle en cada abrazo. El Sol salía y se ocultaba a su lado, eso era lo único que importaba, en un mundo sumido en el caos.
Él la amaba. La amaba más que a su vida. Ella era su vida.
Ella. Ella era una historia, un amor, un regalo, un sueño, una vida. Una vida que merecía la pena vivir. Los días comenzaban y acababan a su lado.
Todo empezaba con el amanecer, triste y que solo ella, acurrucada sobre su pecho, dormida, tierna y dulce, podía iluminar. Cada mañana él debía marcharse, y lo único que esperaba era poder volver a su lado, para poder descubrir de nuevo la alegría y el calor que solo ella podía darle en cada abrazo. El Sol salía y se ocultaba a su lado, eso era lo único que importaba, en un mundo sumido en el caos.
Él la amaba. La amaba más que a su vida. Ella era su vida.
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