Nuevo mundo

¿Quién iba a pensar que tanta felicidad cabía en un pecho tan pequeño? Que una simple sonrisa, una mirada, podía decir tanto con tan poco. Que tendría un almacén tan grande como para guardar todos los buenos momentos que me diste. ¿Quién iba a pensar que una simple persona podría cambiar un mundo? Y es que ya nada es igual. Mi mundo no es el mismo. Los días son distintos, las noches diferentes, mis sentimientos no son los mismos... desde que apareciste. Desde que apareciste los días son más cortos, las semanas duran menos y los meses corren. El tiempo vuela a tu lado. Y lo celebro. Celebro cada segundo de sonrisas, abrazos, besos y caricias, porque cambiaron un mundo, un tiempo y una vida.
Todo por construir.

Día a día

A veces, cuando estás solo, en la quietud del silencio, te entran ganas de llorar. ¿Por qué? Por nada aparentemente, por todo en realidad. Porque nuestro día a día se construye con montones de pequeños fallos y minúsculos errores. Porque sabemos, cuando acaba un día, que no habrá manera de recuperarlo, ya se ha escapado, hemos perdido una nueva oportunidad de hacer algo que impresione al mundo, se nos ha vuelto a escapar un pedazo de vida.

A veces, cuando estás solo, en la quietud del silencio, te entran ganas de reir. ¿Por qué? Por nada aparentemente, por todo en realidad. Porque cada día está compuesto por montones de momentos que te dejan sin aliento, por multitud de pequeñas alegrías. Porque aunque sabemos que el día termina y no lo recuperaremos, lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Porque no debemos demostrar nada a nadie salvo a nosotros mismos y porque la vida puede ser maravillosa, solo depende de nosotros. Porque nuestro mundo solo son ese puñado de personas que pondrían la cara para que se la partieran, si por nosotros fuese necesario, y ellos ya saben quién eres. Porque no perdemos un día de nuestra vida, ganamos una experiencia más en la vida, aprendemos a vivir cada día.

Porque, ¿Por qué llorar pudiendo sonreir?

Un día

Un día dejas de pensar en cómo será ella cuando soplas las velas de tu tarta de cumpleaños. Un día dejas de aguantar la respiración cuando pasas por un túnel con el coche, mientras anhelas encontrarla al fin. Un día dejas de soplar pestañas y de tratar de encontrarlas mientras ella sigue siendo tu único deseo. Un día dejas de pensar en una vida a su lado cuando ves una estrella fugaz. Un día dejas de tirar monedas al pozo, pensando en la fortuna que realmente tendrías si ella apareciese. Un día dejas de mirar al suelo cuando vas al campo, tratando de buscar tréboles de cuatro hojas, un trébol que regalarle y decirle, "esto te trajo a mi" .
Un día aparece, cuando ya no dabas un duro por ti y la búsqueda había dejado de tener sentido.
Ese día, amigo, empiezas a creer en la suerte.

Historia de un amor no encontrado

Él, vivía una historia en la que no aparecía Cupido, se había tomado vacaciones. Aun no había conocido una Julieta, su Julieta. Simplemente era la sombra de un Romeo que no existía. No entendía el amor, no lo tenía, no lo encontraba.
No conocía lo que era despertar con la persona a quien amas, lo que sientes al abrir los ojos y ver los tímidos rayos de sol que se cuelan por las rendijas de la persiana al amanecer sobre su rostro. Nunca había despertado entre besos. Solo pudo leer lo que se siente cuando abrazas a esa persona y sientes que ese abrazo va a ser eterno, que no vas a soltarla nunca, y la besas, la besas y dejas de pensar en el mundo, en la vida, y solo piensas en ese Nosotros que dibujar a su lado, porque ese beso es una vida. Pero esos sentimientos no pueden plasmarse con palabras. Había de limitarse a ver la felicidad en el rostro de otros cuando los veía hablar con quien lograba hacer de las horas segundos simplemente con una mirada, con ese alguien que te hacía sentir frío y a la vez calor cuando te sonreía. No entendía el placer de andar juntos, de la mano, o con tu brazo sobre su hombro, como si la protegieses del mundo cuando realmente solo pensabas en ser su mundo, en un largo paseo de ojas secas otoñal, o una gran pradera llena de flores, o una larga playa con las olas bañando los pies, o bajo un paraguas en un día lluvioso, el paisaje daba igual.
Pobre infeliz. Qué vida tan desdichada. De pronto un día se daría cuenta de que no había vivido, que los buenos días no fueron tan buenos y que los malos fueron peores. Todo pasa, todo llega.

Carta número 14

Desde hace ya mucho tiempo, aunque todo el tiempo del mundo parece poco a tu lado, te quiero, te amo, o como quieras llamarlo. Mil veces te expliqué qué cortas se quedaban las palabras cuando trataba de expresar mis sentimientos hacia ti. Me has dado tanto... tanto traté de darte, porque me rescataste, me tapaste cuando más frío tenía y es que los inviernos son muy duros. Hiciste que los días lluviosos no fuesen menos buenos por el simple hecho de no poder estar en la calle. Sacaste todo lo que yo puedo ofrecer y es que me ayudas a superarme cada día, cada día logras enamorarme un poco más, sacar de mí esa sonrisa, aunque ese día no tenga ganas de sonreir. Has logrado hacerme ver lo fantásticos que pueden ser los paseos, cogidos de la mano, en los que no vamos a ningún lado y cualquier momento es bueno para besarte. Que los malos momentos son menos malos cuando recordamos todas las buenas cosas que nos han ocurrido, todo lo vivido, y es que lo hemos vivido juntos. Y me vienen a la memoria todos los besos, los abrazos, las sonrisas, los días en los que te sorprendía con flores, solo porque sí, las caricias... y todo este amor que me has enseñado que se puede llegar a sentir por alguien. Yo ya solo quiero protegerte, cuidarte, mimarte, besarte, quererte, alegrarte, hacerte sonreir y convertir cada día en el mejor que hayas vivido. Solo quiero hacerte feliz para serlo yo también.
Aun no se me han acabado las páginas en las que escribimos esta historia, queda mucho por vivir, queda mucho por disfrutar juntos. Queda un mundo por sentir. Te amo. 14, aun es poco.

Vida en blanco y negro

El sol se ocultaba cuando ella entristecía, no quería verla llorar. No podía llegar a imaginar el volver a contemplar esos ojos vidriosos, llenos de lágrimas, porque la vida puede ser complicada.
Ella lo sabía. Sufrió, disfrutó, lloró y sonrió. Había vivido.
Todo lo que había aprendido fue que cada historia tiene un inicio. Todo romance, tiene un primer beso. Todo viaje comienza con un paso. Sabía que los paraísos no aparecen de la nada, se construyen con una mirada, una sonrisa, un roce, un beso. Aprendió que todos los problemas tenían una solución, que no siempre los finales eran felices, pero no debía tenerles miedo.

Una mañana despertó. Lo primero que hizo tras levantarse de la cama fue dirigirse a la ventana, contemplar el maravilloso día que la vida le había regalado, y sonreir. Se dijo a sí misma "Hoy no son buenos días, yo seré quien los haga increíbles". Y así fue. Pasamos la vida esperando cosas que nunca llegan y tan solo están a un paso de distancia. Tememos. Tememos tomar decisiones, nos aterra el fracaso, la caída, y la vida pasa.
El ayer, está escrito. El mañana está por escribir. El presente es sólo eso, el lápiz y el papel, sobre el cual escribir nuestra maravillosa historia.
Y ella,  tenía buena letra.

La Esperanza

Estaba viendo 'Family Guy', cuando Chris, uno de los personajes, dijo que debía escribir una redacción sobre La Esperanza, y bien, me dije "¿Qué es esperanza?, y aquí está mi redacción sobre La Esperanza.

Despertar por la mañana, levantar la persiana de tu ventana y esperar que el Sol brille tan fuerte que te haga exclamar "¡Coño, hoy camiseta de manga corta!", eso es Esperanza. Levantarte cada día y sonreir, porque crees que será el mejor día, porque sabes que eres tú quien escribe tu presente, eso es Esperanza. Pensar cada amanecer que hoy, hoy es el día en que tus sueños pueden cumplirse, eso es esperanza. Saberte afortunado, ir a por todas, buscarla cada día sin temor a no encontrarla, sin pensar en el fracaso o el rechazo, eso es Esperanza. Buscar la luz, saber encontrar ese interruptor en la habitación a oscuras, eso es Esperanza.
Esperanza es saber que puedes caer, pero seguir adelante, huyendo de esa caída, encontrando las fuerzas para levantarte. No conocer el miedo y hacer cada día único. Porque no sabemos cuándo acabará todo, debemos escribir Fin al acabar cada capítulo, para no correr el riesgo de quedarnos sin tinta a mitad de la historia.
Un mundo, una vida, Esperanza; Sin Esperanza, no hay vida, y sin vida, no hay mundo.
Hagamos de cada día, un motivo por el cual poner un marcador en esa página de nuestra historia... llenemos nuestra historia de marcadores.

Por qué cierro los ojos cuando te beso

¿Que por qué cierro los ojos mientras te beso, mientras te abrazo? La verdad es que me gusta poder pensar en mundos por los que pasear de tu mano, me encanta poder abrir luego los ojos, y que sigas ahí, que no te hayas ido. No se cuál fue el sueño del que te escapaste, pero cada día doy gracias por ello, amor. Logras dar vuelta a mi mundo con cada palabra, con cada mirada, y es que ya no se dónde dejé la cordura, pero volverme loco era tu mayor hobbie, y yo también disfruto de ello. Cuando cerraba los ojos, podía ver cosas que de otro modo no habría podido ni imaginar, y es que por un breve instante podía volar, podía contar una a una todas las estrellas del cielo, sin perder la cuenta ni una vez, me hacías soñar estando despierto y me convertía en caballero, de esos que salvan princesas de las garras de dragones. En cada beso, una historia. Y en cada historia, lograbas enamorarme un poco más. Cierro los ojos, porque aun cerrándolos, sigo viéndote, porque ya te he acomodado un sitio en mi pensamiento en vista de que no eras capaz de salir de ahí, y me gusta que te quedes.

Y bueno, hazme un favor, si algún día descubrimos que todo esto es un sueño... déjame seguir durmiendo.

A veces sueño que caigo al vacío

A veces vuelven a mi esos sueños en los que caigo al vacío. Donde caigo durante días, y parece que nunca llegaré a conocer lo que hay al fondo del abismo. Luego despierto. Sonrío por seguir vivo, todos deberíamos hacerlo de vez en cuando.
Esas pesadillas me recuerdan que soy humano. Me recuerdan el dolor, la incertidumbre... tantas veces me reconstruí, cuando parecía que ya no quedaba nada. Y tras la tempestad llega la calma, sí, pero yo en la tempestad me crezco, doy lo mejor de mí, y pido más, quiero saber hasta dónde puedo llegar... y bueno, lo se.
Mil veces me ayudaron a levantarme tras las caidas, mas fueron mil y una personas distintas.
A veces, las caidas son tan largas, tan duraderas que no sabes si gritar, llorar, o relajarte y esperar que todo acabe. Luego despierto nuevamente y vuelvo a sonreir, esta vez sonrio, porque se que si ocurriese realmente, si cayese al vacío, aprendería a volar antes de estrellarme. No soy de los que se dejan caer.

Sonríe

Y sonríe, amigo, porque no todo serán lágrimas. Porque la lluvia no dura eternamente, tampoco el Invierno. Las hojas de los árboles, vuelven a brotar en Primavera. Las guerras terminan. Y si caes, siempre puedes volver a levantarte.

No llores por lo perdido, sonrie por seguir vivo.

Sol entre nubarrones

Era una noche fría y oscura. El mundo se había colapsado y todo lo que existía era caos. Ya no le quedaban sueños, los había gastado todos, mas solo uno pudo hacerse realidad, ella. Se acostó en la cama, a su lado, el único lugar donde encontraba la paz, el único lugar donde era feliz y el único lugar donde se encontraba con fuerzas para atreverse a soñar. Atreverse a imaginar mundos mejores, donde quizá él pudiera ser alguien... solo a su lado. Porque ella era tanto, que él ya no existía sin su presencia, ella le daba sentido a su existencia. Ella le hacía volar con una simple mirada.
Ella. Ella era una historia, un amor, un regalo, un sueño, una vida. Una vida que merecía la pena vivir. Los días comenzaban y acababan a su lado.
Todo empezaba con el amanecer, triste y que solo ella, acurrucada sobre su pecho, dormida, tierna y dulce, podía iluminar. Cada mañana él debía marcharse, y lo único que esperaba era poder volver a su lado, para poder descubrir de nuevo la alegría y el calor que solo ella podía darle en cada abrazo. El Sol salía y se ocultaba a su lado, eso era lo único que importaba, en un mundo sumido en el caos.

Él la amaba. La amaba más que a su vida. Ella era su vida.

Gerundios por Amor

Sonriendo, llorando, volando, cayendo, huyendo, retornando, soñando, despertando, besando, abrazando, buscando y encontrando. Cobijándome, mirándote y volviendo a sonreir. Queriendo y amando. Vistiendo y desnudando. Guardando momentos únicos, recordando los vividos. Agarrando tu mano, acariciando tu pelo, oliendo tu bufanda y sonriendo de nuevo. Alegrándome por tenerte a mi lado y rezando porque no te alejes.
Escribiendo, pensando y hablando, en ti, por ti. Jugando, guerreando y estableciendo treguas entre guerras. Robando te quieros y traficando besos. Pintándote en mi mente.

Y es que te quiero.

Edenes instantáneos

Tan fugaz como el tiempo, como el presente, era mirarte, contemplarte, disfrutarte, amor. En un instante podías darme todo lo que buscaba, todo lo que necesitaba. Porque en un segundo cabían una sonrisa, una mirada, un abrazo, un beso, un pensamiento. En un segundo, en cada segundo, conseguías enamorarme.
Un segundo era lo que tardaba en explorarte, conocerte, conquistarte, darte mi mundo, nombrarte mi reina, escribir nuestra historia, vivir una vida a tu lado.
Daba igual el tiempo que pasásemos juntos,  yo siempre pedía un segundo más. En cada segundo te daba mi vida, y era feliz. Un segundo a tu lado. Un segundo era lo que transcurría entre el final del invierno y el inicio de la primavera. Un segundo era el tiempo que tardaba una hora en dar inicio a la siguiente. Un segundo marcaba la transición de los días.
Y segundo a segundo íbamos viviendo. Tú apoyada en mi pecho, yo abrazándote fuerte. Sintiéndome único, único y especial. En tan solo un instante me transportabas a cualquier lugar, sujetándome de la mano. ¿Cómo no iba a sonreir, si lograbas sacar lo mejor de mí?
Querida, me mostraste el Edén. ¿Cuándo? No existía un cuándo concreto, simplemente, en cada segundo.
Por tí no solo daría una costilla. Daría todo el costillar.
Vivimos cientos de miles de historias, una por cada segundo, y ya son muchos, mas, aun cuando alguien me pregunte ¿Cuál es tu sueño? Yo, simplemente responderé, un segundo más a su lado.

Búsqueda

¿Dónde? ¿Dónde deje aquel cruce? Donde tantos caminos eran posibles, donde aun no estaba tomada ninguna decisión y aparecieron cientos de opciones, cientos de oportunidades. Donde aun no sabía qué era lo que estaba buscando, donde vagaba sin rumbo porque había perdido el mapa.
Los mapas están sobrevalorados.
¿Qué camino elegí? Ya no lo recuerdo, fue hace tanto tiempo, hace tantos pasos... pero encontré una meta, aun sin saber hacia dónde estaba yendo. Encontré algo que buscar y algo por lo que luchar. Alguien que realmente me quisiera. Puedo decir que lo he encontrado, mas aún queda mucho por andar, el camino es largo. Mucha gente me acompañó cuando estaba perdido, trataron de ayudarme a encontrar mi destino en este viaje que no recuerdo bien dónde comenzó, y no se cuándo o en qué lugar terminará. Puedo decir que toda mi vida, he estado buscando alguien como ella, toda mi vida la he estado esperando aun sin saberlo.
Muchos no daban un duro por mí. Quizás el mapa no lo perdí, sino que me lo robaron. Si así fue, gracias, no saber hacia dónde voy, me ayudó a encontrarme a mí mismo y a sobrevivir.
Jugando con las sombras, aprendí a orientarme por la posición del sol.
Tal vez este no sea el final del camino,  pero a partir de ahora, seguiré avanzando mientras ella me da la mano.

Midnight Run

Y aún viviendo en el Edén, no puedo evitar echar la vista atrás en ciertos momentos, recordar los viejos tiempos, desempolvar el antiguo album de fotos. Recuerdo cada sonrisa, cada carcajada, cada enfado y cada lágrima. Porque lloré varios ríos, entre alegrías y tristezas.
Como carreras a medianoche, rápidas, fugaces. A veces vertiginosas, en ocasiones asustan. Aparecen de pronto y me transportan al pasado.
Los atardeceres brillaban de forma diferente, y los amaneceres... llegar a ver un amanecer era algo especial. Baños en piscinas de madrugada, carreras en bicicleta para llegar puntuales a las despedidas, o a las bienvenidas. Pachangas en las pistas. Tiempos donde los veranos se pasaban entre playas y rutas en bici. Inviernos en los que vagabundear por las calles o cobijarse en casa. Alcohol, mucho alcohol. Y llegaban los amores, y se iban igual de rápido, llevándose parte de mí, dejándome roto. Sí, es cierto que lloré más en las despedidas. Sí, cerré muchas puertas, también abrí alguna que otra. Aprendí de cada tropiezo, y más de una vez caí. Aún no estoy muy seguro de si llegué a levantarme del todo, o si aún ando agazapado en alguna esquina de mi memoria.
Eran buenos tiempos, diferentes. Sí, me arrepiento de muchos de mis errores, pero me ayudaron a crecer, a formarme.
Siempre seguiré con la duda de si tras tanto palo, sigo vivo, o morí hace tiempo.
El camino, lleno de recuerdos, amaneceres, atardeceres, amigos, amores. Asumámoslo, no es polvo que vuele con el viento o con el tiempo.
"Live for now, forget forever"
Yo, soy yo y mis recuerdos. También soy, mi presente y mi futuro.
Todos ellos, cada persona y cada momento, merecen formar parte de mi pasado.
Y bueno, tras tanto divagar, a seguir viviendo el presente y construyendo el futuro.

Para todos mis recuerdos... fue un placer.

Don Quijote de amaneceres

Le asustaba despertar. Su momento preferido del día era la noche, porque podía descansar de su día a día. Podía huir. El problema aparecía junto con el Sol, al amanecer. Salía del calor de su cama, donde se sentía seguro.
Estaba atado a hacer lo que debía hacer. La rutina como forma de vida. No había dos días iguales, pero todos los días eran lo mismo. El sentimiento de responsabilidad vencía cada mañana. Era lo único que ya conocía. Había olvidado el sabor que tenían los sueños. Lo único que conocía ya, era la lucha día tras día. Luchaba por seguir vivo, pero había perdido el objetivo en esa vida. Simplemente luchaba porque morir le asustaba aun más que vivir. Tarde o temprano se agotaría. Creía haber encontrado su meta en la lucha diaria, donde se sentía un caballero más del medievo. Pero cada noche, con cada puesta de Sol, volvía a su cama, demacrado, y se acurrucaba de nuevo bajo las mantas, como buscando huir, como si tratara de volverse invisible. Y es que sin darse cuenta, ya se había cansado de luchar. Lo que más le atemorizaba ahora, era el despertador, que señalaba el inicio del nuevo día. Un día que podría ser el último. Y así, transcurrían los días.
No vivía un día más. Restaba días para su muerte, que cada vez ansiaba con más fuerza, que cada vez le atemorizaba menos.
Una vida sin amor, más allá que hacia el hecho de seguir vivo, sin metas, no merece ser vivida.
Escribió su propio destino, pero era un analfabeto.

Nuevo año, viejas sombras.

Y es que es muy triste que algo tenga que irse para que podamos aprender a apreciarlo. No nos damos cuenta de que somos felices hasta que nos llueven las hostias y decaemos. ¿Por qué esa necesidad de tener que despedir algo para darnos cuenta de que lo necesitamos? Y es que no creemos necesitarlo y de pronto desarrollamos una enfermiza necesidad, una dependencia. Hay gente que solo ha sabido vivir en el infierno, entre sombras, y el purgatorio les parace un paraíso. Todo siempre puede ir a peor, es una buena moraleja.
Es difícil tocar el cielo en un mundo en el que cada uno le cortamos las alas al prójimo. La felicidad de los demás suele recordarnos que las cosas podrían irnos mejores, y les envidiamos. La sociedad es un lastre. Siempre lo ha sido. Con sus putas convenciones, dictando la forma en que cada individuo ha de vivir para poder ser "bendecido" con la aceptación. ¿Libertad? Le escupo en la cara. Vivimos con grilletes. Seguimos sueños sociales y demasiado generales, nada individuales, muy estándar. Me entristece las limitaciones que nosotros mismos nos fijamos. La libertad está delimitada.
Todo es una mentira.
Nos conformamos, en lugar de luchar. Nos engañamos creyéndonos que la gente cambia, cuando realmente lo que ocurre es que tal vez no les conocíamos lo suficiente. Y en esto se nos va la vida. Aprendemos a vivir cuando ya es demasiado tarde. No somos tan únicos como creemos. Seguro que más de un 35% de la población, se ha planteado los mismos propósitos para este 2014. Somos tan predecibles que parece de chiste. Parece una película de Leslie Nielsen, al más puro estilo "Agárralo como puedas", pues todo sale al revés. Y lo que siempre olvidamos hacer es aferrarnos a la vida, eso tan fugaz y puro. Nos preocupamos en contentar a los demás como primer propósito, por delante incluso de nuestra felicidad, y así nos va.

¿Valle de lágrimas? Más bien la vida es un valle de los caídos, con muchas personas anónimas vagando cual alma en pena, intentando encontrar un motivo por el cual vivir, para que al irse, esta vida no se les haya escapado en vano, al menos.
Un brindis por la vida, que corre, huye, sin saber de quién ni hacia dónde lo hace.