Edenes instantáneos

Tan fugaz como el tiempo, como el presente, era mirarte, contemplarte, disfrutarte, amor. En un instante podías darme todo lo que buscaba, todo lo que necesitaba. Porque en un segundo cabían una sonrisa, una mirada, un abrazo, un beso, un pensamiento. En un segundo, en cada segundo, conseguías enamorarme.
Un segundo era lo que tardaba en explorarte, conocerte, conquistarte, darte mi mundo, nombrarte mi reina, escribir nuestra historia, vivir una vida a tu lado.
Daba igual el tiempo que pasásemos juntos,  yo siempre pedía un segundo más. En cada segundo te daba mi vida, y era feliz. Un segundo a tu lado. Un segundo era lo que transcurría entre el final del invierno y el inicio de la primavera. Un segundo era el tiempo que tardaba una hora en dar inicio a la siguiente. Un segundo marcaba la transición de los días.
Y segundo a segundo íbamos viviendo. Tú apoyada en mi pecho, yo abrazándote fuerte. Sintiéndome único, único y especial. En tan solo un instante me transportabas a cualquier lugar, sujetándome de la mano. ¿Cómo no iba a sonreir, si lograbas sacar lo mejor de mí?
Querida, me mostraste el Edén. ¿Cuándo? No existía un cuándo concreto, simplemente, en cada segundo.
Por tí no solo daría una costilla. Daría todo el costillar.
Vivimos cientos de miles de historias, una por cada segundo, y ya son muchos, mas, aun cuando alguien me pregunte ¿Cuál es tu sueño? Yo, simplemente responderé, un segundo más a su lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario