Historia de un amor no encontrado

Él, vivía una historia en la que no aparecía Cupido, se había tomado vacaciones. Aun no había conocido una Julieta, su Julieta. Simplemente era la sombra de un Romeo que no existía. No entendía el amor, no lo tenía, no lo encontraba.
No conocía lo que era despertar con la persona a quien amas, lo que sientes al abrir los ojos y ver los tímidos rayos de sol que se cuelan por las rendijas de la persiana al amanecer sobre su rostro. Nunca había despertado entre besos. Solo pudo leer lo que se siente cuando abrazas a esa persona y sientes que ese abrazo va a ser eterno, que no vas a soltarla nunca, y la besas, la besas y dejas de pensar en el mundo, en la vida, y solo piensas en ese Nosotros que dibujar a su lado, porque ese beso es una vida. Pero esos sentimientos no pueden plasmarse con palabras. Había de limitarse a ver la felicidad en el rostro de otros cuando los veía hablar con quien lograba hacer de las horas segundos simplemente con una mirada, con ese alguien que te hacía sentir frío y a la vez calor cuando te sonreía. No entendía el placer de andar juntos, de la mano, o con tu brazo sobre su hombro, como si la protegieses del mundo cuando realmente solo pensabas en ser su mundo, en un largo paseo de ojas secas otoñal, o una gran pradera llena de flores, o una larga playa con las olas bañando los pies, o bajo un paraguas en un día lluvioso, el paisaje daba igual.
Pobre infeliz. Qué vida tan desdichada. De pronto un día se daría cuenta de que no había vivido, que los buenos días no fueron tan buenos y que los malos fueron peores. Todo pasa, todo llega.

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