Día a día

A veces, cuando estás solo, en la quietud del silencio, te entran ganas de llorar. ¿Por qué? Por nada aparentemente, por todo en realidad. Porque nuestro día a día se construye con montones de pequeños fallos y minúsculos errores. Porque sabemos, cuando acaba un día, que no habrá manera de recuperarlo, ya se ha escapado, hemos perdido una nueva oportunidad de hacer algo que impresione al mundo, se nos ha vuelto a escapar un pedazo de vida.

A veces, cuando estás solo, en la quietud del silencio, te entran ganas de reir. ¿Por qué? Por nada aparentemente, por todo en realidad. Porque cada día está compuesto por montones de momentos que te dejan sin aliento, por multitud de pequeñas alegrías. Porque aunque sabemos que el día termina y no lo recuperaremos, lo hemos hecho lo mejor que hemos podido. Porque no debemos demostrar nada a nadie salvo a nosotros mismos y porque la vida puede ser maravillosa, solo depende de nosotros. Porque nuestro mundo solo son ese puñado de personas que pondrían la cara para que se la partieran, si por nosotros fuese necesario, y ellos ya saben quién eres. Porque no perdemos un día de nuestra vida, ganamos una experiencia más en la vida, aprendemos a vivir cada día.

Porque, ¿Por qué llorar pudiendo sonreir?

No hay comentarios:

Publicar un comentario