Sigo creyendo en los 14 de Febrero

En un año pasan muchas cosas.
Pasan 365 días, 12 meses, 4 estaciones. Pasan muchas personas, muchos sentimientos, muchas emociones y muchas aventuras y experiencias.

Hace un año fui feliz, aunque de una forma diferente a como lo soy ahora. Bebía de la sonrisa de otra persona, me colgaba de sus labios y pasaba las horas... Y el invierno era menos invierno en sus brazos. En 12 meses he sabido lo que es amar sin límite, lo que se siente cuando pierdes magia en el camino, lo que es romperme en mil pedazos y llorar. Llorar y tener miedo de perderme en un océano que me quedaba muy grande. Tuve que aprender a nadar, salir a flote, reconstruirme, y cuando estaba saliendo de todo aquello, volver a caer. Ahora puedo decir que de todo se sale. Vivo.
Que, aunque el amor duele, no mata. Y en 12 meses puedo resumir que a veces necesitamos perder algo o a alguien, para poder encontrarnos a nosotros mismos, y eso es algo bueno.
La vida cambia y siempre sorprende.
Hace un año era San Valentín. Fue bonito, como todos los que viví a su lado. Y como aquel, mucho tiempo antes, en el que me robaron mi primer beso.
En 365 días (y cada uno de ellos ha contado) he aprendido muchas cosas, como que es mejor dejar ir a quien no se quiere quedar. Que si no sueltas tu pasado, no puedes abrazar tu presente. Que se puede caer, pero hay que volver a levantarse. Que si las cosas se fuerzan, terminan por romperse. Que nadie sabe qué le traerá el futuro, pero sentarse a esperar no es una opción. Que es mejor atreverse a quedarse con la duda. Y que a veces encontramos cosas que no sabíamos que estaban perdidas. Es una lástima que a menudo estas cosas las aprendamos cuando alguien se va. Pero la gente desaparece y aparece con la misma facilidad, aunque unos duelan más que los otros.

Del mismo modo que a veces no sabes de todo lo que tienes hasta que lo pierdes, en ocasiones no eres consciente de necesitar algo, hasta que aparece. Y supongo que así pasa con todo.

365 días. 12 meses. 1 año.
Ese día me preguntaba:
-¿Qué me quedará si se va?
Hoy, respondo:
-Yo.
Y aunque esa historia terminó, aun quedan muchas por descubrir.
No soy el de ayer, ni seré como hoy mañana... No sé qué pasará en una semana, o en un mes, o en un año... Pero saberlo sería demasiado aburrido.
Y ahora me despido de mi pasado con una sonrisa. Porque cometí muchos errores, sí, todos los cometemos, pero no cambiaría ni uno solo, ni un solo segundo, ni una sola decisión, porque todo eso me ha llevado a parar aquí. Hoy. Ahora.
Y es que superar algo no significa olvidarlo o apartarlo de tu pensamiento. Más bien es, el poder recordarlo, sonreír, y seguir adelante sin reducir la marcha. Alegrarte porque ella es feliz, y tú también, aunque sea por caminos diferentes.

Smile

Quedan muchos San Valentines.

Y 12 meses después, este 14 de Febrero, bebo de la sonrisa que se dibuja en mi cara, cuando pienso que esto de vivir no ha hecho más que empezar, y ciertamente puedo decir que el invierno no es tan malo como creía.

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