Una noche más

Y una noche más, vuelves a casa solo... hablas con ella un rato antes de dormir y le deseas las buenas noches. Te metes en la cama con la única compañía de tus pensamientos, donde, sin duda, ella tiene un lugar privilegiado. Y te duermes... sin nada a lo que abrazar salvo su recuerdo. Confiando en poder soñar con otro lugar, quizá otra cama, donde sí que puedas dormir en compañía, junto a alguien a quien abrazar y besar... junto a esa persona.
Los días pasan, y con cada noche solitaria, te encuentras un paso más cerca de que todo ello se convierta en una rutina. Una rutina adorable, sí, pero triste igualmente y solitaria. Nos conformamos muchas veces con poca cosa y nos escudamos en esas rutinas, pues gracias a ello sabemos qué hacer en cada momento, lo de siempre, y por ello es una rutina. Nos protege de las sorpresas y los sobresaltos.
Pero llega un día en que nos cansamos, siempre nos cansamos de todo. Nuestra ambición nos vence. Solo caben dos salidas, olvidar todo e intentar cambiar tu objetivo o luchar para conseguirlo. Nos cuesta dar un paso adelante, y es que es más fácil y más cómodo el vivir en la indecisión y la duda, esperando que decidan por nosotros o que pase tanto tiempo que ya no sea necesario tomar una decisión porque ya es inútil y llega tarde.

El tiempo pasa y no mira atrás, no vuelve. La vida es corta, un día están cambiándote el pañal, parpadeas y tienes ya 18 años. Creo que dejaré de parpadear, porque todo pasa demasiado deprisa. Me gustaría tener un mando como el de la película "Click" con el cual avanzar o retroceder en el tiempo.
Solo consigo sacar una conclusión en claro, y es que la fugacidad de cada momento es lo que hace que todo sea especial, pues te obliga a disfrutar de ese instante al máximo a sabiendas de que no volverá, el tiempo fluye.

Y mientras el tiempo fluye, sigues ahí, en tu cama, sólo, extrañándola en la distancia y esperando poder tener un bonito sueño esta noche.
Buenas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario