-Hola.
-Hola.
-¿Qué haces?
-Esperar.
-¿A qué?
-A que finalmente llegue alguien que me quiera, alguien que realmente valga la pena y con quien compartir momentos únicos. ¿Acaso pido demasiado?
-No, para nada. Te comprendo. Estás cansada de esos chicos que solo duran un momento, que no son capaces de comprenderte y encontrar la felicidad en ti. Supongo que yo también estoy esperando.
-A menudo pienso en esas bobadas de la media naranja. Pero miro gente a mi alrededor y a veces llego a creer que no es tan descabellado.
-¿Te molesta si me siento y espero contigo?
-No, supongo que no. Nunca viene mal algo de compañía.
-¿Sabes? El día era triste hasta que hablé contigo. No has hecho nada, pero has conseguido que me sienta menos solo, menos único, acompañado.
-Tú también me caes bien. Mira, parece que sale el Sol, ya tardaba, no ha parado de llover en bastante tiempo.
-Tengo una idea. ¿Y si nos ahorramos tiempo el uno al otro, y si pasamos de esperar y probamos suerte?
-¿A qué te refieres?
-Bésame, abrázame y no me sueltes.
-Siempre quise conocer el sabor de la locura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario