Nuevo año, viejas sombras.

Y es que es muy triste que algo tenga que irse para que podamos aprender a apreciarlo. No nos damos cuenta de que somos felices hasta que nos llueven las hostias y decaemos. ¿Por qué esa necesidad de tener que despedir algo para darnos cuenta de que lo necesitamos? Y es que no creemos necesitarlo y de pronto desarrollamos una enfermiza necesidad, una dependencia. Hay gente que solo ha sabido vivir en el infierno, entre sombras, y el purgatorio les parace un paraíso. Todo siempre puede ir a peor, es una buena moraleja.
Es difícil tocar el cielo en un mundo en el que cada uno le cortamos las alas al prójimo. La felicidad de los demás suele recordarnos que las cosas podrían irnos mejores, y les envidiamos. La sociedad es un lastre. Siempre lo ha sido. Con sus putas convenciones, dictando la forma en que cada individuo ha de vivir para poder ser "bendecido" con la aceptación. ¿Libertad? Le escupo en la cara. Vivimos con grilletes. Seguimos sueños sociales y demasiado generales, nada individuales, muy estándar. Me entristece las limitaciones que nosotros mismos nos fijamos. La libertad está delimitada.
Todo es una mentira.
Nos conformamos, en lugar de luchar. Nos engañamos creyéndonos que la gente cambia, cuando realmente lo que ocurre es que tal vez no les conocíamos lo suficiente. Y en esto se nos va la vida. Aprendemos a vivir cuando ya es demasiado tarde. No somos tan únicos como creemos. Seguro que más de un 35% de la población, se ha planteado los mismos propósitos para este 2014. Somos tan predecibles que parece de chiste. Parece una película de Leslie Nielsen, al más puro estilo "Agárralo como puedas", pues todo sale al revés. Y lo que siempre olvidamos hacer es aferrarnos a la vida, eso tan fugaz y puro. Nos preocupamos en contentar a los demás como primer propósito, por delante incluso de nuestra felicidad, y así nos va.

¿Valle de lágrimas? Más bien la vida es un valle de los caídos, con muchas personas anónimas vagando cual alma en pena, intentando encontrar un motivo por el cual vivir, para que al irse, esta vida no se les haya escapado en vano, al menos.
Un brindis por la vida, que corre, huye, sin saber de quién ni hacia dónde lo hace.

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