Una última palabra. Un último abrazo. Un último beso. Un último gesto. Una última mirada.
Y te vas.
Y con ello se va mi aliento, tu calor, mi fuerza, tu energía y mi vida.
Y yo no quiero otro susurro en el viento que me diga que te estás alejando. Por eso los "Adios" los digo con la boca muy pequeña, los abrazos los doy apretando fuerte para no dejarte ir, en los besos muerdo tus labios para que no escapes, y la última mirada es para tener un recuerdo de ti en tu ausencia. Un recuerdo de cuando aún estabas conmigo.
Pero ¿Qué sería de ese adios, ese abrazo, ese beso o esa mirada, si no te fueras? Quedarían huérfanos. Dejarían sin sentido las bienvenidas. Los "al fin de vuelta". Los abrazos, otra vez eternos para que no vuelvas a escapar. Los besos interminables porque no quiero volver a tener frío de ti en mis labios. O las miradas en las que darte un mundo.
Que es mejor verte volver, pero para eso de vez en cuando te tienes que ir.
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