Aquella noche no había estrellas. El mar sonaba de fondo. Y nosotros estábamos allí, juntos. "No quiero más estrellas si tú ya estás aquí", dije. Nos besamos, es normal, es lo estipulado. Yo le digo algo bonito, ella sonríe, suspira y me besa, no siempre en ese orden. Cuando estamos juntos es todo tan genial, nada más importa, solo nosotros, y pensar en un "Nosotros" es lo más bonito en lo que puedo pensar.
No espero mucho. No deseo cientos de "Te quiero", solo quiero llegar a escuchar algún día un "y por siempre, y siempre", mientras me mira a los ojos. Cada abrazo, lo peor de cada abrazo es el momento de soltarla, lo odio. Y es que la hecho de menos. Hace tiempo que comencé a entender los días sin ella, como días desperdiciados. Pienso en ella, lo hago a todas horas, sí, se ha convertido en mi obsesión, pero su recuerdo también me hace compañía.
Cuando estamos juntos no suelo perder oportunidad para decirle todo lo que la quiero, a estas alturas ya debe de haber descubierto que estoy enamorado, pero bueno, nunca sabemos cuáles serán nuestras últimas palabras, y esas no están mal, son sencillas y directas. Se quedan cortas a la hora de describir todo lo que siento, pero complementan muy bien cada caricia, beso o sonrisa a su lado.
Yo, decía que cualquier adicción era mala. Luego, probé sus labios. Estoy enamorado.
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